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¿ES POSIBLE QUE SE VUELVA A ROMPER EL CRUZADO? LA RESPUESTA AQUÍ

DR. ENRIQUE GASTALDI

Los pacientes y los no pacientes preguntan: ¿se puede volver a romper otra vez el ligamento cruzado? Por desgracia la respuesta es sí. Por tanto, se trata de uno de los temores fundados por ejemplo de los deportistas ya que esta lesión les incapacita durante más de seis meses en cualquiera de sus competiciones.

En algunos casos se deriva de traumatismos externos pero, en la mayoría de las ocasiones, los pacientes se lo rompen ellos solos, con desplazamientos de rodilla por un salto o un cambio de dirección brusco. Lo cierto es que son gestos comunes en el momento en el que se realiza cualquier actividad deportiva pero en un momento determinado esos movimientos sobrepasan la capacidad de resistencia ese ligamento de la rodilla y acaba por romperse.

Hemos de resaltar que el famoso ligamento cruzado anterior (LCA) interviene en los mecanismos de giro y pivotaje para estabilizar la rodilla. De ahí que cuando el ligamento se rompe los afectados de las lesiones argumentan que al intentar girar la rodilla les falla, esto es, sienten inestabilidad.

Por ello el ligamento cruzado anterior se debe recomponer o reparar y, con mayor motivo en pacientes que ejerciten deportes más arriesgados. Y, además, esta patología se puede agravar, sí. Y es que un desplazamiento anómalo de la articulación como consecuencia de un fallo de la rodilla puede derivar en rotura de menisco. 

El inconveniente de la rotura de LCA es que no se puede subsanar. Con esto quiero decir que no se puede unir (“coser”) el ligamento porque no consigue cicatrizar. Lo que hacemos los cirujanos es que lo sustituimos por un tendón, normalmente de los isquiotibiales –de la parte trasera de la rodilla- o del tendón rotuliano –parte delantera-, aunque también es posible utilizar tendones trasplantados.

Esta intervención, es decir, este injerto necesita para que se produzca cicatrización y que el ligamento lesionado alcance una resistencia parecida al original un período no inferior a seis meses. Si bien algunos pacientes pueden tardar hasta cerca de los dos años en recobrar la “normalidad”. No obstante, no hay que olvidar que en todos los casos tendremos un ligamento de sustitución. 

Tras la operación, los cirujanos debemos ser cautos y decirle a los pacientes que han de respetar de manera escrupulosa los plazos mínimos del restablecimiento. En el caso de que intentar acortar el tiempo de recuperación o forzarlos nos enfrentaremos a un gran riesgo, el de padecer una re-ruptura y es que no hemos de batallar contra la naturaleza.

En el hipotético caso de que un ligamento operado vuelva a tener una fractura antes de un año lo debemos considerar como una complicación. Si este suceso ocurre más allá de los doce meses después de la intervención, hablamos de un nuevo accidente para el paciente. En ambos casos, los cirujanos deberemos realizar un importante plan estratégico en el que analizar diversos factores y decidir exactamente el nuevo tipo de injerto que se colocará en la rodilla y si se realiza de una sola vez o en diferentes intervenciones. Todo ello sin contar con que la recuperación para el paciente lesionado se eleva y puede suponer un quebradero de cabeza.

La rotura del LCA es una cosa seria por ejemplo para un deportista. Lo números dicen que, después de pasar por el quirófano en un centro especializado, un 30% de los deportistas no recuperan su antiguo nivel. Y si vamos más allá, con una nueva rotura, el porcentaje se incrementa.

Solo un apunte y es que en la actualidad opero más revisiones de ligamentos que lesiones originales. Sin embargo, como traumatólogo que peina canas quirúrgicas, mejorar la vida de los lesionados con LCA es un desafío y yo soy muy de afrontar retos. 

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